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 Brihuega, más allá de la lavanda

Tipos de lavanda y sus características

La lavanda es mucho más que una planta aromática. Es un símbolo de calma, de naturaleza y de belleza sencilla. Pero lo que muchas personas no saben es que no existe una única lavanda, sino decenas de variedades, cada una con su aspecto, su aroma y su uso particular.


Algunas son más apreciadas por su perfume, otras por su resistencia, y otras simplemente por su valor ornamental. Su color puede variar del violeta intenso al azul suave, e incluso al blanco o al verde. Su aroma puede ser dulce, fresco o con notas más herbales.



En este artículo te mostramos los tipos de lavanda más conocidos, desde los más comunes hasta variedades menos habituales, para que puedas distinguirlos y entender qué hace especial a cada uno.

¿Cuántos tipos de lavanda existen?

La lavanda pertenece al género Lavandula, un grupo de plantas aromáticas que forma parte de la familia de las lamiáceas, al igual que otras hierbas como el romero, la salvia o el tomillo. Este género está compuesto por más de 45 especies reconocidas, además de numerosas subespecies, híbridos naturales y cultivares desarrollados por el ser humano.


La mayoría de las lavandas son originarias de zonas cálidas y soleadas del Mediterráneo, aunque hoy se cultivan en todo el mundo por su valor ornamental, su resistencia y su inconfundible aroma. Algunas especies se utilizan en la elaboración de aceites esenciales, otras en jardinería, y muchas en productos cosméticos o terapéuticos.


Aunque la lista completa de variedades es extensa, existen algunas que se han convertido en las más conocidas por su belleza, su perfume o su adaptabilidad. Entre las más comunes se encuentran estas 10 variedades:


1. Lavandula angustifolia (Lavanda común)


También conocida como lavanda inglesa o espliego, es la variedad más reconocida del género Lavandula. Su aspecto es compacto, con espigas florales finas que brotan a comienzos del verano. Las flores suelen presentar un tono violeta suave, aunque hay cultivares con matices más intensos o incluso azulados.


Su aroma es dulce, equilibrado y profundamente agradable, lo que la convierte en la favorita para la elaboración de aceites esenciales, cosmética natural o infusiones. Es una planta muy versátil: sirve tanto para perfumar cajones como para decorar jardines, elaborar jabones o preparar pequeños remedios caseros para calmar y relajar.


Además, es resistente al frío, se adapta bien a distintos suelos y atrae polinizadores como abejas y mariposas. Por todo ello, la Lavandula angustifolia es considerada la lavanda por excelencia.


Si te gustaría ver esta variedad en todo su esplendor, los campos de lavanda de Brihuega son el lugar perfecto. Allí, cada mes de julio, el lavandín florece y transforma el paisaje en un mar violeta que atrae a miles de visitantes. Es en este entorno donde se celebra el Festival de la Lavanda, un evento que combina naturaleza, música y gastronomía para rendir homenaje a esta flor única.

2. Lavandula × intermedia (Lavandín)

Este híbrido natural surge del cruce entre Lavandula angustifolia y Lavandula latifolia. El resultado es una planta vigorosa, de mayor tamaño, con espigas más largas y ramificadas, y una floración generosa que suele comenzar algo más tarde en verano.


Las flores del lavandín tienen un color que varía del violeta claro al púrpura suave, y su aroma es más intenso y con un toque alcanforado, menos dulce que el de la lavanda común. Precisamente por su alto rendimiento y resistencia, es una de las variedades más cultivadas en campos dedicados a la producción de aceite esencial.



El lavandín también es muy utilizado en jardinería, especialmente para formar borduras o cubrir amplias superficies. Aguanta bien el calor, crece rápido y ofrece un espectáculo visual cuando está en plena floración.


3. Lavandula stoechas (Cantueso o lavanda francesa)

De porte silvestre y carácter mediterráneo, esta variedad se reconoce con facilidad por sus espigas compactas coronadas por un penacho de brácteas moradas que recuerdan a pequeñas alas. Es una de las especies más antiguas y propias de la flora ibérica.


La Lavandula stoechas prefiere los suelos pobres, bien drenados y las exposiciones soleadas. Florece desde la primavera y puede mantenerse florida hasta bien entrado el verano, especialmente en climas cálidos.



Su aroma es más rústico, menos dulce que otras lavandas, y tradicionalmente se usa en infusiones y preparados caseros principalmente por sus propiedades balsámicas y relajantes. En jardines se valora por su resistencia y su originalidad visual.

4. Lavandula dentata (Lavanda rizada)

Su nombre hace referencia al borde dentado de sus hojas, de un color verde grisáceo y una textura sedosa que resulta muy decorativa. Es una planta de porte redondeado, perfecta para cultivar en macetas o espacios pequeños.


La floración de la Lavandula dentata es abundante y prolongada, desde la primavera hasta principios del otoño. Sus espigas florales son más cortas, de un tono violeta claro, y desprenden un aroma suave y delicado, menos persistente que en otras especies, pero muy agradable.



Se adapta bien a climas templados y cálidos, aunque no tolera las heladas intensas. Por su belleza y su bajo mantenimiento, es una de las favoritas para balcones, patios y jardines urbanos.

5. Lavandula latifolia (Lavanda spike o lavanda de hoja ancha)

Esta especie silvestre se encuentra de forma natural en zonas cálidas y bajas del Mediterráneo occidental. Sus hojas, más anchas que las de otras lavandas, le dan un porte más abierto y robusto. Las espigas florales son largas y delgadas, de un violeta suave, y aparecen en pleno verano.


Su aroma es intenso y alcanforado, muy diferente al de la lavanda común. Por esta razón, su aceite esencial se ha utilizado tradicionalmente con fines medicinales: en friegas, vapores o como calmante muscular y respiratorio.



Aunque menos común en jardinería decorativa, es muy resistente a la sequía y agradece los suelos pobres y bien expuestos al sol. Una opción interesante para quienes buscan lavandas con propiedades más terapéuticas que aromáticas.

6. Lavandula lanata (Lavanda lanosa)

Su nombre hace referencia a la ligera pelusa blanca que cubre sus hojas y tallos, dándole un aspecto plateado muy característico. Esta textura suave y aterciopelada la convierte en una lavanda fácilmente reconocible, incluso antes de florecer.


Originaria del sur de la península ibérica, la Lavandula lanata está perfectamente adaptada a climas secos, suelos pobres y exposiciones soleadas. A mediados del verano emite espigas florales de un violeta intenso que contrastan con el tono claro de su follaje, aportando una belleza muy particular al jardín.



Aunque su aroma no es tan dulce como el de otras variedades, tiene una intensidad cálida y ligeramente especiada. Por su resistencia al frío y a la sequía, es ideal para jardines sostenibles, de bajo mantenimiento o de estilo rústico.

7. Lavandula viridis (Lavanda verde)

De aspecto singular, esta especie sorprende por el color de sus flores, que en lugar del tradicional violeta presentan un tono blanco verdoso poco habitual. Este detalle estético, junto con su fragancia fresca y ligeramente cítrica, la convierte en una lavanda distinta.


La Lavandula viridis es originaria del suroeste de la península ibérica y está adaptada a zonas cálidas y suelos bien drenados. Aunque no es muy conocida fuera de su entorno natural, está ganando protagonismo en jardinería ornamental y cosmética por su originalidad y su perfume diferente.



Su porte es más abierto, con una floración que puede alargarse si el clima es favorable. Es una planta discreta pero interesante, que aporta una nota fresca y diferente allá donde se cultiva.


8. Lavandula multifida (Lavanda egipcia o fernleaf lavender)

A veces llamada lavanda fernleaf por el parecido de sus hojas con las de un helecho, esta especie se caracteriza por su follaje dividido, ligero y muy ornamental. Su aspecto aporta textura y movimiento en jardines de estilo más natural o silvestre.


La Lavandula multifida es originaria del norte de África y del sur de Europa. Sus flores, de color violeta profundo, crecen sobre tallos finos y largos que se mecen con facilidad con el viento. Es una planta que florece durante largos periodos, desde la primavera hasta bien entrado el otoño, siempre que no sufra heladas fuertes.



Aunque no se utiliza tanto en la elaboración de aceites, se cultiva por su valor decorativo y su capacidad para atraer polinizadores. Es una opción ideal para climas cálidos y secos, donde su rusticidad y belleza natural destacan sin esfuerzo.

9. Lavandula pinnata

Esta lavanda procede de las Islas Canarias y Madeira, y se reconoce fácilmente por su follaje gris plateado, muy fino y dividido, que aporta luz y textura al conjunto. Tiene un crecimiento rápido y una forma ligera, casi etérea, que encaja bien en jardines secos o rocosos.


Las flores, de un violeta claro, aparecen durante buena parte del año si se encuentra en un entorno con clima templado. Se agrupan en espigas delgadas y verticales, que contrastan con el volumen vaporoso del follaje.



El aroma de la Lavandula pinnata es suave, más tenue que el de otras especies, pero igualmente agradable. Se cultiva sobre todo por su valor ornamental y su buena adaptación a condiciones cálidas con poco riego.

10. Lavandula canariensis

Autóctona de las Islas Canarias, esta variedad de lavanda representa la adaptación perfecta a los paisajes volcánicos, áridos y luminosos del archipiélago. Es una planta de crecimiento espontáneo, resistente, poco exigente y muy útil en jardinería sostenible.


Su porte es abierto, con tallos largos y finos, hojas lineales y flores agrupadas en espigas que varían del violeta claro al lila suave. Florece en diferentes momentos del año según las condiciones del entorno, y es capaz de desarrollarse sin apenas cuidados.



Aunque su fragancia es más discreta, la Lavandula canariensis ofrece una belleza sencilla y auténtica. Su resistencia y carácter la hacen una excelente opción para espacios donde se valora la biodiversidad y el entorno natural.

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